Cirque du Soleil: ¡Pasen y vean! Toda la magia de OVO por dentro

El saludo final en el Arena de Asunción. Horas antes, estuvimos entre bambalinas, para contar cómo se prepara el elenco antes de cada presentación.
El saludo final en el Arena de Asunción. Horas antes, estuvimos entre bambalinas, para contar cómo se prepara el elenco antes de cada presentación.

Entrenamiento 24×7. «Yo me entreno en mis vacaciones y en mis días de trabajo. Es mi estilo de vida, ¡y a mí me encanta!», dice Ariunsanaa Bataa, la contorsionista mongola –»todas las contorsionistas de Cirque du soleil son de Mongolia»– que interpreta a la araña blanca de OVO. Hija de circenses y lleva veintiún años arrancando exclamaciones de asombro desde un escenario, admite: «Estoy tan acostumbrada a entrenar que ya es una rutina. En un día normal vengo a la arena entre las 13 y las 14, practico mis paradas de manos y las contorsiones, hago de dos a tres horas de pilates con otros artistas –porque soy instructora– y después de comer y descansar un poco hago los shows».

A lo que Tim Bennett –el director artístico de OVO, que está en contacto con todos los integrantes– acota: «La mayoría de nuestros artistas cumple una cierta cantidad de repeticiones, para mantener el nivel de profesionalismo. Después, están quienes realizan cada día lo mismo, como también los que nunca dejan de desafiarse. Son estos últimos los que suelen proponer nuevas ideas para el show».

Entrenamiento 24×7
Entrenamiento 24×7

Vida de gira. El show de dos horas –que se creó en abril de 2009, dando vida a un fantástico mundo de insectos– ya giró por Canadá, Estados Unidos, Australia, China y Europa. Obviamente, sus integrantes giran con él. «Nuestra vida es medio circo y rock and roll, porque dormimos en un sitio, hacemos un espectáculo, cambiamos a otro punto, y así seguimos de un lado para el otro, como los Rolling Stones», resume con onda rockera el payaso Gerry Regitschnig.

Por su parte, Ariunsanaa Bataa, la contorsionista de treinta años, cuenta: «Sin dudas, nuestra casa está en cada arena, detrás del escenario, y es una casa con muchos hermanos, padres y tíos de diferentes culturas (N. de la R.: Conviven cien personas de veinticinco nacionalidades, que hablan veintiún idiomas diferentes). Yo estoy re acostumbrada, pero los nuevos siempre comentan cosas como ‘¡qué raros son!’ cuando arrancan a interactuar con los rusos o los chinos».

Amor en el circo. «En julio cumplimos dos años de casados», cuentan Martin Alvez y Beth Williams, el brasileño y la inglesa que conforman una adorable pareja sobre el escenario y en la vida real. «Yo dejé mi anillo de compromiso en Londres, porque me da miedo perderlo. Ya una vez me pasó que lo apoyé en un costado durante el entrenamiento –no puedo hacer danza aérea con él– y me súper estresé por el miedo a extraviarlo», admite ella.

Sus padres son argentinos y vivió de los 14 a los 21 años en Buenos Aires practicando gimnasia deportiva en el CENARD, comenta: «Hoy en día nuestra casa está donde estemos, pero tenemos ganas de tener un espacio para poner las cosas que compramos. De momento, son todas cosas chiquitas como imanes, postales y recuerdos de cada lugar que visitamos». Ellos se conocieron haciendo cintas en un centro de entrenamiento circense en 2013 y nunca más se separaron. «Formamos un dúo y desde octubre de 2018 estamos viajando con OVO. No somos la única pareja del cast… pero sí la única casada», dicen mientras esperan con ansias su llegada a la Argentina.

Los reyes de las risas. Neiva Nascimento (la vaquita de San Antonio brasileña), Jan Dutler (el mosquito suizo) y Gerry Regitschnig (el escarabajo austríaco) conforman el trío de payasos de OVO. «Trabajamos juntos desde hace tres años y cada día sentimos que es el primero», dice Gerry. Y Jan –quien se reconoce fanático Kevin Johansen– comenta: «Para nosotros, lo más importante es la conexión con el público. ¿Si nos queda algo de vergüenza? ¡Nada de nada! Cuando estamos en el escenario nos sentimos libres», aseguran.

El origen de esta fantasía. Tim Bennett, director artístico, que lleva dos años y medio viajando por el mundo con el circo, asegura que OVO es completamente diferente a todos los demás espectáculos de Cirque du Soleil. ¿Por qué? «Porque fue creado en 2009 para celebrar el aniversario número veinticinco de la empresa. Y como buscaban algo relacionado con el medio ambiente, a Deborah Colker –una brasileña brillante, energética y juguetona– se le ocurrió crear un mundo de insectos y le transfirió al show su colorida personalidad, alejándolo de los tonos oscuros y el misterio que suelen tener habitualmente los espectáculos circenses.

Además, Berna Ceppas le sumó música brasileña –una combinación de bossa nova, samba, funk y electrónica–, que logra que la gente baile en sus butacas». ¿Una curiosidad? Los siete músicos que tocan once canciones en vivo durante el show lo hacen lookeados como cucarachas.

Secretos del vestuario. «Nosotros tenemos cincuenta artistas y viajamos con mil quinientas piezas, contando todo lo que se ve en el escenario y también los extras que llevamos para reparar los trajes cuando se rompen o se estropean», cuenta la española Mar González Fernández, jefa de vestuario de OVO, quien trabaja habitualmente con cinco personas: tres que viajan con ella por el mundo y dos contratadas locales, que la ayudan a mantener el orden y a lavar todos los trajes después de cada función.

¿Qué vida útil tiene cada uno de ellos? «Duran aproximadamente seis meses. Después los mandamos a las oficinas centrales del Cirque du Soleil en Montreal y ellos se encargan de guardar algunas como archivo y destruir el resto», comenta con cierto pesar la especialista y agrega: «Es en esa misma sede donde se confecciona desde cero el colorido vestuario que diseñó la talentosa canadiense Liz Vandal, y donde los artistas aprenden a maquillarse para repetirlo antes de cada show« (sí, ¡cada artista se maquilla!).

¿En qué se inspiran los looks? «En la naturaleza», responde Heather Reilly, la directora de la empresa, que explica así la cantidad de tonos verdes, amarillos y rojizos que se despliegan en el escenario. A lo que Mar agrega: «También hay mucho brillo, porque se buscó reproducir el centelleo natural de los insectos«. Los artistas de OVO interpretan hormigas, libélulas, arañas, cascarudos, mariposas, mosquitos y grillos, y todos realizan acrobacias sorprendentes. Por eso, ellos también participaron activamente en el proceso de creación de sus trajes, definiendo telas –la mayoría lycras– y verificando la seguridad de cada traje, para sentirse confiados volando por el aire, haciendo malabares o saltando desde un muro de nueve metros de altura.

Gran estructura. Entre un destino y otro se necesitan 25 camiones para transportar los 25 containers con el equipamiento de Cirque du Soleil OVO. ¿Qué llevan? El escenario, el piso –que se compone de 225 paneles–, un muro de 20 metros de ancho por 9 de alto, una estructura acrobática que pesa casi 10 toneladas, un gimnasio totalmente equipado, un huevo inflable de 8 metros de ancho por casi 7 de alto, varios lavarropas, 1.500 piezas de vestuario, todo el equipamiento de sonido (con instrumentos y más de cien parlantes), una estructura para ensayar fuera del escenario, espejos y más de 100 luces, entre muchísimas otras cosas. «Una vez que llegamos a destino, normalmente nos toma diez horas armar el escenario, pero en Sudamérica nos está llevando casi dos días, porque los estadios suelen estar diseñados para deportes y no para grandes conciertos», explica Heather Reilly, directora de la empresa, que lleva diecisiete años trabajando con el circo.

Además, todos los artefactos y accesorios necesitan manutención, y ahí entran en acción Victoria y Chini, dos mexicanas que llevan tres años ocupándose de la utilería de OVO. «Nosotras hacemos una inspección semanal de todo y establecemos nuestras prioridades de trabajo según lo que encontramos más desgastado. Usualmente nos suelen dar mucho trabajo los huevos –OVO significa «huevo» en portugués, y hay seis–, los kiwis de las hormigas rojas y la mesa del banquete que aparece al final», detallan mientras pintan de diversos tonos de verde –el color que más utilizan– la estructura que sostiene la cuerda floja.

Por Kari Araujo.

Fotos: Diego Soldini.

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